Niñas y niños necesitan protección online. Acertar el camino no es sencillo
Brasil es el primer país de la región en aprobar una ley de este tipo que impone obligaciones y sanciones a las plataformas. Pero al tiempo de apostar por esta vía, descubre que hablar es más fácil que hacer.

Laís Martins
JUL 7, 2026 • 6 min

Hace unos tres meses entró en vigor en Brasil la ECA Digital, una ley de protección de niñas, niños y adolescentes en el entorno digital. El nombre proviene de su versión analógica de 1990, el Estatuto da Criança e do Adolescente. La intención es extender al espacio virtual las garantías previstas en esa norma, adaptándolas a las particularidades e infracciones que podrían producirse allí.
A partir de ahora, las empresas tecnológicas deberán cumplir con nuevas obligaciones. La ley también define términos, establece equiparaciones legales y fija reglas sobre la monetización de contenidos en los que aparecen menores de edad. Si incumplen, las big techs son pasibles de advertencias, multas y, en casos extremos, de suspensiones y bloqueos.
Pero ¿qué piensan las niñas y los niños? Buscando entender eso, pregunté a mis primos, que no tienen cuentas en redes sociales, qué saben y qué opinan sobre la nueva ley brasileña.
Para mi primo, que acaba de cumplir diez años, la ley tuvo un efecto que notó de inmediato: ya no puede hablar con sus amigos en el chat de Roblox (la plataforma de creación de videojuegos). A sus 12 años, mi prima ve el tema con un poco más de matiz. Entiende que la ley ayuda a los niños y adolescentes a no correr tantos riesgos en cuanto a su exposición, aunque no está de acuerdo con la prohibición total. Cuando le pregunté por qué, respondió: “Porque nosotros también tenemos que vivir”. Me reí, pero su respuesta me pareció acertada. Parte de la vida está inevitablemente en las redes sociales.
En Brasil, la Ley ECA Digital no se aprobó de la noche a la mañana, si bien es cierto que el proceso se aceleró gracias a la conmoción que se generó tras un vídeo-denuncia explosivo de un youtuber. Pero la norma llevaba años madurando gracias a grupos de la sociedad civil, parlamentarios y, por supuesto, las empresas tecnológicas y sus lobistas, que operaron para suavizar la ley.
Aunque es el primer país de América Latina en contar con una ley de este tipo, Brasil no está solo. Paraguay también estudia restringir el acceso de menores de 16 años a las redes sociales. En los últimos meses, varios países han aprobado leyes relacionadas, algunas más restrictivas que otras. El Reino Unido acaba de introducir una prohibición de las redes sociales para menores de 16 años en lo que ha calificado de “una medida histórica para devolver a los niños su infancia”.
Todavía es prematuro —y lo seguirá siendo durante varios años— evaluar si estas leyes resultan eficaces. Por el momento, las regulaciones de los gobiernos de todo el mundo no son más que apuestas. Apuestas a que estas medidas sean suficientes para proteger a los niños y adolescentes de los daños provocados por las redes sociales. Y en cierta medida, también son apuestas para limitar a las big techs.
Lo que está en juego
🔎Médicos, psicólogos y educadores de todo el mundo han documentado cómo el exceso de pantallas o el uso precoz de las redes sociales afecta a niños y adolescentes. Aunque existe cierto grado de divergencia sobre cómo medir estos efectos, hay consenso en torno a algunos impactos, como los daños a la salud mental, el acoso escolar, la exposición a retos peligrosos y los perjuicios para el desarrollo cognitivo.
📺Pero existe una confusión entre redes sociales, pantallas e Internet. Estas palabras no significan lo mismo, aunque, en los últimos años, casi se han convertido en sinónimos. Internet, tal y como se concibió en un principio, es un lugar de posibilidades, conexión y creatividad, y alberga contenidos valiosos y útiles para niños y adolescentes. Pienso en películas, juegos educativos y sitios web de archivos. Sin embargo, muchas legislaciones han optado por medidas que homogeneizan el mundo digital como si fuera un bloque monolítico.
🥵La aplicación de la ley en Brasil ha supuesto todo un reto. Entre la fecha de aprobación y su entrada en vigor solo transcurrieron seis meses, tiempo del que dispusieron las empresas y los organismos reguladores para adaptarse. Los detalles técnicos, como la verificación de la edad, siguen pendientes y ocupan gran parte del debate.
🧶Y, al intentar resolver un problema, podemos acabar creando otros. Esa es la advertencia de la Electronic Frontier Foundation, una organización sin ánimo de lucro que defiende los derechos civiles en el mundo digital. Esto se debe a que la verificación de la edad, necesaria para determinar quién es o no un menor en Internet, perjudica a otros grupos vulnerables. El uso de sistemas de reconocimiento facial para determinar la edad, por ejemplo, afecta de manera desproporcionada a las personas negras, transgénero o con algún tipo de discapacidad física con quienes estos sistemas suelen fallar. En Estados Unidos, la propuesta de ley también establece que las plataformas deben vigilar los mensajes privados, lo que pone en riesgo el cifrado, que protege la privacidad de los usuarios.
🔓Regular el uso de Internet por parte de los menores de edad también implica combatir la explotación del trabajo infantil. La ley brasileña aborda la forma en que estos aparecen en las redes sociales. Los perfiles que monetizan la imagen de niñas, niños y adolescentes, ya sean familiares o influencers, deben presentar una autorización judicial que les permita el uso de dicha imagen.
🧠¿Es el uso de las redes sociales una habilidad que hay que adquirir? Tras la propuesta del Reino Unido de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años, me quedé pensando en qué pasará cuando los bebés de hoy cumplan 16 y, de repente, se les permita acceder a ese universo, sin haber tenido experiencia ni mucha formación al respecto. Me recordó a cuando era niña y tenía clases de informática en el colegio, una asignatura que, obviamente, se ha eliminado del plan de estudios por ser casi innecesaria hoy en día. ¿Tendremos que volver a enseñarles a usar las redes sociales?
Te dejo otra pregunta: ¿ves algún término medio posible entre la libertad total y la prohibición para los niños y adolescentes? Enviame tu respuesta a este correo.
Usar la información para actuar
- Denunciar es muy importante. En Brasil, la ley solo ha avanzado gracias a la impactante denuncia del youtuber Felca que mencionamos. Cada país cuenta con sus propios mecanismos, ya sean del gobierno o de organizaciones de la sociedad civil. Informate cuáles funcionan en tu país. En caso de que se produzca una infracción muy flagrante, también existe la posibilidad de denunciarla a la prensa.
- Hablando de la prensa, el periodismo de investigación ha desempeñado un papel crucial a la hora de recabar pruebas sobre los abusos online y la complicidad de las plataformas. Núcleo Jornalismo investigó cómo la IA agrava aún más este problema al facilitar la producción de material de explotación sexual infantil.
- El año pasado, la serie Adolescencia (Netflix) causó un gran revuelo. No en vano, la producción, difícil de digerir, dio en el clavo al retratar cómo nuestros chicos se están radicalizando en las redes sociales y cómo eso se traduce en violencia en la vida real. El caso ficticio tiene lugar en el Reino Unido, pero podría ocurrir en cualquiera de nuestros países. Si no la has visto, te la recomiendo. Y de nuestro archivo en El Surti, también te recomiendo este artículo de Patricia Benítez sobre cómo la subcultura digital, alimentada con misoginia y desinformación, impacta fuera de Internet.
Como podés ver, por aquí tenemos más preguntas que respuestas. Pero es importante poner el tema sobre la mesa y empezar a hablar de esto. Lo que está en juego es algo muy valioso: las infancias y las adolescencias de esta y de las futuras generaciones. Pensar con cariño en cómo cuidar de ellos hoy también es cuidar de nuestro futuro, ¿no te parece?

Laís Martins
São Paulo 🇧🇷
Periodista de investigación brasileña especializada en tecnología y sus intersecciones con la política y los derechos humanos. Residente 2026 de El Surti, fellow del Pulitzer Center AI Accountability Network y reportera en Intercept Brasil.