¿Podemos soñar con una IA latinoamericana?
LatamGPT, el primer modelo extenso de lenguaje (LLM) latinoamericano, se lanzó con gran revuelo y mil promesas. Seis meses después, tenemos más motivos para el escepticismo que para el optimismo.

Laís Martins
JUL 28, 2026 • 6 min

A principios de este año, Santiago, la capital chilena, se convirtió en el centro de Latinoamérica por un día. Desde allí surgió un anuncio con el potencial de reescribir la historia de nuestra región en la carrera mundial por la inteligencia artificial: LatamGPT, el primer gran modelo de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) entrenado con idiomas, datos y contextos socioculturales de nuestros países.
El proyecto parte de una inquietud y de una reafirmación. Por un lado, la inquietud por el hecho de que las herramientas desarrolladas por las grandes empresas tecnológicas extranjeras, como ChatGPT, todavía entienden muy poco de nuestra región y de sus particularidades. Por otro lado, la reafirmación de que sí, aquí se hace ciencia y se desarrolla tecnología.
LatamGPT no se creó para competir con ChatGPT, Claude u otra IA que quizá utilices. Por ahora, es solo la base de herramientas como estas, que cuentan con un LLM que gestiona los chats. En términos sencillos, es el “cerebro” del que tu ChatGPT extrae las respuestas a tus preguntas. En el caso de la IA latinoamericana, su versión de chatbot es Copuchat, que también se utiliza para recopilar datos para el modelo.
Esta iniciativa formó parte de una colaboración regional importante coordinada por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile (Cenia), en la que participaron más de 30 instituciones y 60 expertos. Se sumaron otros gobiernos sudamericanos, entre ellos los de Brasil y Perú, bancos de desarrollo, instituciones educativas y… empresas privadas, como Amazon Web Services.
Pero, casi seis meses después, hay más preguntas que respuestas sobre este lanzamiento. ¿Quién lo utiliza? ¿En qué medida es mejor que los demás? ¿Hasta qué punto es accesible para la población latinoamericana? Y la más importante de todas: ¿es posible el sueño de una IA verdaderamente latinoamericana?
Lo que está en juego
🌎 Soberanía tecnológica. Esta expresión aparece a menudo en nuestra newsletter, pero es porque resulta fundamental para lo que estamos debatiendo: cómo se defiende nuestra región de la captura y las amenazas que plantean las big techs al servicio de Estados Unidos. Según su web, LatamGPT propone “una alternativa abierta al dominio de las grandes empresas tecnológicas, demostrando que la región cuenta con la capacidad y la autonomía necesarias para desarrollar proyectos avanzados de inteligencia artificial”.
🤔 Pero no tanto. La soberanía tecnológica es un eslogan que a nuestros gobernantes les gusta para plantar cara a Estados Unidos, pero esta promesa no siempre se cumple. No hace falta profundizar demasiado para ver que LatamGPT tiene vínculos con dos grandes corporaciones: Amazon Web Services y Meta.
Le pregunté a Eugenio Herrera-Berg, ingeniero principal de aprendizaje automático del Cenia y participante en el desarrollo de LatamGPT, sobre la relación con AWS. Según él, se trató de una alianza para aprovechar la potencia de cálculo de las big techs en un momento en el que ellos no disponían de esa potencia de forma independiente.
“En aquel momento no teníamos la capacidad de cálculo con la que contamos ahora y, a través de otra institución chilena, el Observatorio de Datos, que tiene un acuerdo con AWS y disponía de muchos créditos, se forjó una alianza. De ese modo, para la primera versión de LatamGPT lo entrenamos utilizando precisamente AWS”, dice.
Herrera-Berg reconoció que existe una contradicción entre diferenciarse de las grandes empresas tecnológicas y, a la vez, contar con el apoyo de una de ellas, pero afirmó que la intención para las próximas versiones es dejar de depender de la computación en la nube de AWS. “Eso es precisamente a lo que aspiramos, porque el proyecto busca basarse en la soberanía tecnológica del país y sabemos que no se puede depender siempre de una empresa tan grande. Pero, de nuevo, siempre entendemos que, si se trabaja en un mundo de alianzas y todo eso, hay alianzas estratégicas que, en algún momento, resulta más razonable establecer, ¿no?”.
La otra big tech, Meta, es la columna vertebral de LatamGPT. Esto se debe a que la arquitectura base del sistema es el modelo Llama 3.1, desarrollado y lanzado en 2024 por la compañía. No hace falta que me extienda en explicaciones sobre por qué no considero que Meta sea la empresa más ética del mundo, pero hay algo preocupante en torno a Llama: el origen de los documentos utilizados para entrenar el modelo. En mayo, grandes editoriales de Estados Unidos demandaron a Meta, alegando que había utilizado contenido de sus libros para entrenar el modelo, infringiendo la ley de derechos de autor.
🏴☠️ ¿Piratería? Lo que me lleva a otra pregunta: ¿de dónde proceden los 188 millones de documentos utilizados para entrenar a LatamGPT? En la página web no hay mucha información sobre el origen de estos documentos, pero un informe técnico indica que el contenido de entrenamiento “combina la recopilación de datos a gran escala procedentes de fuentes públicas con conjuntos de datos facilitados a través de colaboraciones regionales”. Y que los datos se obtuvieron mediante rastreo web y descargas directas de repositorios alojados en línea.
También le planteé esta duda a Herrera-Berg, quien me explicó que el entrenamiento de LatamGPT respetó las licencias de las páginas de las que se extrajo el material, algo que no es habitual en el sector. “Creo que hay algo muy particular y bonito en este proyecto, que no sé si he visto en otros proyectos de esta envergadura”, afirmó.
Otros datos utilizados para el entrenamiento fueron cedidos por las instituciones con las que se establecieron alianzas. “En los acuerdos con estas instituciones, en el marco de esas alianzas, las personas aprueban o no que utilicemos sus datos y siempre respetamos también la forma en que quieren que los utilicemos”, añadió.
💻 Código abierto. LatamGPT también se está promocionando como un modelo de código abierto, otra afirmación que hay que examinar con cuidado. Lo que constituye esto es un debate complejo, pero la investigadora Tinmit Gebru, una de las figuras de referencia en el ámbito de la inteligencia artificial y la ética, explica en este post que, para que un modelo se considere de código abierto, debe cumplir cuatro criterios, siendo el primero de ellos “poner a disposición los datos con los que se ha entrenado y evaluado”. Casi ninguno, incluido LatamGPT, pone a disposición este material.
¿Usás o conocés a alguien que esté usando LatamGPT? Me encantaría charlar contigo 👀
Usar la info para hacer algo
- Una alternativa a preguntar a los chatbots: preguntar a las personas. El 31 de enero, los vecinos de Quilicura, una comuna chilena que se está convirtiendo en un centro neurálgico de los data centers, se prestaron a responder preguntas y peticiones enviadas por los internautas, al igual que lo hace ChatGPT. Más de 40 personas respondieron a unos 25 000 mensajes. Una iniciativa para recordarnos el valor de la conexión humana y el coste que hay detrás de estas herramientas.
- En cuanto a la relación entre Amazon Web Services y el gobierno chileno anterior, hay mucho más que LatamGPT. Este reportaje de La Bot habla de cómo una ejecutiva de Amazon dejó la empresa y pasó a ocupar el puesto que decide la política de centros de datos del país. Es la puerta giratoria en pleno funcionamiento.
- Si te interesa el debate sobre código abierto, te recomiendo este artículo de Baixa Cultura publicado en la época del lanzamiento de DeepSeek, el modelo chino que hizo temblar a Wall Street. Aprendí mucho con esta lectura y está disponible en portugués, español e inglés.
Aunque iniciativas como LatamGPT son bienvenidas y fundamentales, debemos ser cautelosamente optimistas. Hay que investigar, profundizar y cuestionar. Como periodistas, ese es nuestro papel. Esta es una conversación que apenas estamos empezando.

Laís Martins
São Paulo 🇧🇷
Periodista de investigación brasileña especializada en tecnología y sus intersecciones con la política y los derechos humanos. Residente 2026 de El Surti, fellow del Pulitzer Center AI Accountability Network y reportera en Intercept Brasil.