Oligarquía

Los herederos de la dictadura

El presidente de la República, el ministro de Defensa y una familia terrateniente de Paraguay tienen algo en común: forjaron su poder y fortuna gracias a la dictadura de Stroessner.

Reportaje Maxi Manzoni · Edición jazmín acuña & juan heilborn · Ilustración robert báez ·

El estronismo no se fue con el avión que exilió a Stroessner en febrero de 1989. «Le decimos transición porque nadie se atreve a llamarle a esto una democracia», dice Milda Rivarola cuando se le pregunta por qué seguimos hablando de ese concepto 30 años después del fin del régimen. Para la historiadora y socióloga, fracasamos en entender el estronismo. Si su sombra sigue persiguiendo, es porque «no fue una dictadura tradicional. Tenía el consentimiento de muchos actores importantes».

Empezando por quienes hicieron el golpe, la transición se convirtió en una puerta giratoria para los líderes civiles y militares que fueron premiados con cargos, tierras y dádivas por el dictador. Para la casta empresarial creada y beneficiada por el régimen. Para los herederos de todos ellos. Para, por ejemplo, Mario Abdo Benitez, Bernardino Soto Estigarribia y la familia Riquelme.

Mario Abdo Benítez: el heredero presidente

Cuando Alfredo Stroessner murió el miércoles 6 de agosto de 2006 en Brasilia, lo hizo sin honores de Estado y sin responder por un crimen o devolver una sola moneda de toda la fortuna que acumuló durante la dictadura. «Arrepentimiento, ninguno» dijo sobre el general el otro Alfredo Stroessner, «Goli», que se cambió el apellido para homenajear a su abuelo.

Pocas personas acompañaron a Goli y el resto de la familia en los días finales y el funeral de Stroessner. Una de ellas fue Mario Abdo Benítez, el hijo del secretario privado del dictador. No fue orador como si lo fue Darío Filártiga, sub-secretario del ministro del Interior del estronismo Sabino Montanaro, ex asesor de Horacio Cartes y actual vicepresidente del Partido Colorado. Pero Abdo cargó el féretro de Stroessner hasta su destino final en el cementerio. A su vuelta al Paraguay,  pidió un minuto de silencio para homenajear al dictador en la Junta de Gobierno de la ANR. En ese entonces era vicepresidente del partido. El año anterior había fundado, junto a Goli Stroessner, un movimiento que se llamaba con el lema de la dictadura: «Paz y Progreso».

Mario Abdo Benítez, el presidente paraguayo que ganó las elecciones con el menor margen en la historia de la transición, estaba estudiando en Estados Unidos cuando sucedió el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989. Y cuando una periodista le preguntó qué piensa de esas fechas, Abdo no se refirió al golpe. Rememoró el aniversario de la fundación de Ciudad del Este, que en la dictadura se llamaba Puerto Presidente Stroessner. Lo dijo riéndose a carcajadas antes de responder lo políticamente correcto: «La lucha por la libertad y la democracia, sea de los sectores que fuesen, yo acompaño».

Abdo fundó, junto a Goli Stroessner, un movimiento político que se llamaba con el lema de la dictadura: «Paz y Progreso».

Mario Abdo Benítez es «Marito» para que no lo confundan con el padre, que estuvo preso por enriquecimiento ilícito y fue miembro del «cuatrinomio de oro» de la dictadura estronista, la mesa chica del régimen que conformaban además Sabino Montanaro, hombre clave de la represión –que tuvo al menos más de 20.000 víctimas directas según la Comisión de Verdad y Justicia– Adán Godoy Jiménez y Eugenio Jacquet. Los cuatro fueron investigados por crímenes de lesa humanidad, pero solo Montanaro fue condenado. Abdo padre también fue parte del robo de tierras públicas que debían ser para la reforma agraria y terminaron en manos de personas, instituciones y empresas afines a Stroessner. Según el informe final de la Comisión Verdad y Justicia, recibió al menos 2.906 hectáreas de las llamadas tierras malhabidas.

El gobierno de Mario Abdo, hijo, comunicó que no planea acto oficial alguno por los 30 años del golpe que tumbó al régimen del cual fue parte su padre. Antes de votar en las internas coloradas y en las elecciones generales, Abdo visitó la tumba de su padre en el cementerio. Esa última vez un periodista le preguntó si su pasado estronista le podía afectar en los comicios: «Es ridículo», respondió.

La familia Riquelme: La riqueza de la dictadura

Mario Abdo padre comparte el prontuario del reparto de las tierras malhabidas con el propio Stroessner, Andrés Rodríguez – su consuegro que hizo el golpe de 1989–, Ramón Viveros Cartes –tío abuelo de Horacio Cartes– Bader Rachid Lichi y su amigo Blas N. Riquelme, entre otros.

Hasta hoy ninguna de esas tierras fue recuperada. Paraguay es el país con la distribución de tierra más desigual del mundo. Esa desigualdad se debe en parte a que «durante 30 años de transición se ha jugado con las instituciones para que la estructura se mantenga igual», dice Abel Irala, investigador de Base IS, una organización que hizo varios informes sobre el problema de la tierra en Paraguay. «Las libertades públicas de la transición terminan siendo superficiales y solo llegan hasta que se toca a uno de los grupos de poder». Para Irala, la familia Riquelme es un gran ejemplo de ello.

Blas N. Riquelme fue amigo personal de Stroessner, presidente del Partido Colorado, senador y directivo de la Unión Industrial Paraguaya. Recibió 4.000 hectáreas de tierras malhabidas, que hoy son parte de las al menos 113.743 que tienen y convierten a su grupo familiar en el cuarto mayor propietario de tierra del país, según el informe Yvy Jára. Es decir, son dueños de una superficie que es más de la mitad del tamaño del departamento Central. 

Blas N. Riquelme fue amigo personal de Stroessner, presidente del Partido Colorado, senador y directivo de la Unión Industrial Paraguaya.

En el ránking de los mayores terratenientes también se encuentran otros grupos empresariales beneficiados por el estronismo, como los Zuccolillo, cuyas empresas brindaron servicios al Estado antes de que el dueño de ABC Color se volviera opositor a Stroessner. O Juan Carlos Wasmosy, considerado uno de los hombres más ricos del país. Fue presidente entre 1993 y 1998. Sus principales negocios se dieron en la construcción de Itaipú durante el régimen dictatorial.

Dentro de esa cantidad de tierras en manos de la familia Riquelme se encuentran las 1.700 hectáreas de las que se apropiaron en Marina Kue. En ese lugar se dio el conflicto que terminó en la masacre de Curuguaty en 2012,  con 11 campesinos asesinados sin investigar y 11 campesinos presos sin pruebas. El fiscal que llevó el caso, Jalil Rachid, es hijo de Bader Rachid, amigo de Blas N. Riquelme. También dentro de esa cantidad de tierras están las 40 hectáreas en Limpio que ocuparon 100 familias que fueron desalojadas por un pelotón de policías con carros hidrantes en enero de este año. El grupo de empresas familiar, dirigido por el hijo de Blas N. Riquelme desde que éste murió en 2012, también es dueño de Embotelladora Central, una de las empresas que explota el Acuífero Patiño sin pagar nada por el agua que luego vende. Y de una cadena de supermercados, cervecerías, distribuidoras de alimentos, y a través del parentesco con la familia Reguera, empresas de explotación ganadera en el Chaco.

Bernardino Soto Estigarribia: el profesor de la escuela de la tortura

Bernardino Soto Estigarribia es un ejemplo de los «hombres bisagra» entre la dictadura y la transición. Es el actual ministro de Defensa, que ya lo había sido también en el gobierno de Horacio Cartes, integró el Regimiento Escolta Presidencial, la guardia personal del dictador, donde llegó a ser comandante. «Junto al R.I. 14, el Escolta Presidencial era el ala militar en la que Stroessner más confiaba», dice Federico Tatter, investigador que fue parte de la Comisión de Verdad y Justicia.

Fue el Escolta uno de los cuerpos militares fieles al dictador hasta al final, por lo cual fue cañoneado en el golpe de 1989. Y fue el Escolta uno de los centros de detenciones arbitrarias, tortura y desapariciones de la dictadura documentados por la Comisión de Verdad y Justicia, parte de todo el aparato represivo que no necesitaba actuar en las sombras. «Allí hay denunciados 8 desaparecidos del grupo de Agapito Valiente en 1970» dice el investigador. Se refiere a parte del movimiento guerrillero Frente Unido de Liberación Nacional, del cual Arturo López, conocido como Agapito Valiente, fue líder hasta su asesinato por parte del régimen en ese año.

No hay documentación ni testimonios que afirmen que Soto Estigarribia participó de detención o tortura alguna. Pero Soto Estigarribia fue muy versado en los métodos de represión utilizados por la dictadura paraguaya y otras más en toda Latinoamérica, con el apoyo Estados Unidos a través de la Escuela de las Américas. Allí, Soto Estigarribia fue instructor y recibió un reconocimiento.

Fueron miles los policías y militares latinoamericanos que aprendieron técnicas de tortura, extorsión, falsos arrestos, censuras y ejecuciones para neutralizar enemigos por parte del ejército de los Estados Unidos en la Escuela de las Américas, fundada en 1946 en Panamá. «El agente puede causar el arresto de los parientes de un informante, encarcelar a un informante o golpearlo» para forzar cooperación, recomendaba uno de los manuales desclasificados en 1996. El Pentágono reconoció a las técnicas de los manuales de la Escuela de las Américas como «claramente cuestionables y posiblemente ilegales». Entre los graduados de la Escuela donde enseñó Soto Estigarribia estuvieron acusados y condenados por delitos de lesa humanidad como Leopoldo Fortunato Galtieri –militar y dictador argentino– y Manuel Contreras –quien coordinó el terrorismo de Estado de la dictadura de Pinochet en Chile.