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Así hacemos las entrevistas para podcasts narrativos de El Surti

Algunos consejos y trucos que nos han servido para lograr las mejores conversaciones con las protagonistas de documentales sonoros

Nicolás Granada

Desde El Surti hemos realizado poco más de una docena de podcasts narrativos, documentales. Son algo distintos a los informativos que hacemos desde La Precisa. Mientras éstos son breves y tienen un texto de guión explicativo, que trata de divulgar conceptos y argumentos, aquellos son anecdóticos y reflexivos, de mayor extensión. Intentan hacer que, como oyente, construyas imágenes mentales de una experiencia ajena. Que de cierto modo acompañes esa experiencia. Se apoyan además en un registro en campo de acciones, escenas y ambientes sonoros que le otorguen una sensación de espacialidad y complementen al relato verbal y la descripción de las entrevistas, como también al contexto y las demás funciones que cumple la locución propia que opera de manera intercalada con dichas entrevistas. 

El pilar más importante de esta mezcla de elementos que hace a un podcast narrativo es la entrevista en campo, con la o las personas cuyas experiencias queremos transmitir de la forma más vívida posible. Sobre cómo planteamos estos registros de oralidad trata este comentario. 

Necesitamos tiempo para una buena entrevista

Ante todo, necesitamos que nuestras entrevistas sean lo más profundas y detalladas posibles. Largas de verdad, de una hora y media a dos horas al menos. Para este formato, el over-reporting –reportear y grabar demás– es lo deseable. ¿Por qué? Porque no buscamos informar, sino narrar. Esto es, sumergirnos. Como lo hicimos con Pati Lima cuando produjimos el episodio de la tragedia de Ykua Bolaños. Para ese podcast, grabamos con 17 personas más de 23 horas, para un resultado final de 37 minutos. Pero es una proporción extrema por la envergadura del caso. Todo depende de cada historia, claro, algunas deben ser corales y eso significa una carga mayor.   

Luego de investigar el tema o la historia de fuentes documentales y de contactar posibles personas a entrevistar y habiendo decidido con quién realizar el registro oral, llegamos al lugar donde seremos recibidos por esa persona. Tenemos equipo en mano, grabadora y micrófono direccional que aisle la voz del entorno y los audífonos ya puestos. Antes siquiera de golpear a su puerta, ya estamos grabando. 

En la llamada a la persona donde fijamos día y hora, le anunciamos que estaríamos grabando desde antes de entrar. Le explicamos que si bien grabamos todo esto, que no se preocupe, porque más allá de que todo se edita y nuestro compromiso es representar su experiencia de manera respetuosa, el registro de la llegada a su espacio nos puede servir como un momento de transición en el montaje, esto es, como escena en la cual introducimos al personaje. Pero no sólo tiene esa función. 

Buscamos evitar el momento de innecesaria solemnidad que ocurre cuando, previamente, estuvimos hablando banalidades de manera relajada y luego, como una bisagra, al blandir de pronto los equipos acentuamos el momento preciso en que empieza la entrevista y, zas, las personas se transforman en una suerte de voceros o representantes formales de sí mismos. La entrevista entonces se vuelve acartonada. Tratamos de huir de ese momento como si fuera una nube de mosquitos enardecidos en temporada de dengue. 

Buscamos un lugar de grabación sin eco y sin ruidos

Entramos grabando y desde ese momento analizamos el espacio donde vamos a sentarnos a conversar. Queremos un lugar con dos características principales: sin ruidos, sin eco. Para que no haya ruidos también debemos hablarlo antes, para considerar el horario preferente (v.g. no en hora pico con ruido de tráfico cercano) y para que las personas tomen las diligencias necesarias en relación a los demás miembros de la familia que suelen realizar sus actividades cotidianas en la cercanía. 

Si hace calor y el espacio disponible tuviera aire acondicionado, también debemos pedirle de antemano que, si así lo desea, puede refrigerar el espacio un rato antes, pero no durante, ya que no podemos grabar con el aire encendido durante el registro, por el ruido que genera el aparato. Lo mismo aplica para heladeras que, al no poder apagarse, no pueden estar cerca de donde nos sentemos a conversar. Es lo que nos pasó con Iván Cattebeke cuando grabamos su experiencia durante el golpe de 1989. Grabamos en una galería contigua a la cocina, ya que los espacios interiores tenían mucho eco. Hubo que rogarle que desenchufemos su heladera. Dos horas después de salir de su casa, al recordar, tuvimos que avisarle con desesperación. Pero por suerte no echamos a perder sus alimentos de esa semana. 

Contra el eco, preferimos lugares con superficies blandas como salas o dormitorios con sofás, cortinas, alfombras, libros y colchones. Evitan el rebote del sonido, que sí ocurre en un salón con superficies duras, pisos, vidrios y paredes relativamente desnudos. Con presencia de eco en una grabación, percibiremos la voz anclada en ese espacio determinado, el salón amplio y vacío, de modo que si la historia transcurre en otro sitio no podremos trasladarnos mentalmente ahí. Digamos, a un bosque. Por más que agreguemos un ambiente sonoro relativo a ese espacio narrado, seguiremos percibiendo su voz en el espacio grabado. Por eso buscamos que la voz flote separada de cualquier entorno, sin ecos ni ruidos externos, para tener la flexibilidad de ambientar los espacios narrados. 

Pero si no encontramos un espacio adecuado en interiores, sin eco, debemos arriesgarnos en el exterior, patio o galería, donde al menos no hay rebote. Y si en medio de la entrevista  pasa cerca un vehículo con sus altoparlantes y múltiples ofertas, toca esperar, retroceder y repetir esa parte del relato. Es lo que hay, es mejor arriesgar algunas partes que condenar al eco a todo el registro. 

Como última diligencia en relación al espacio, consideramos que la entrevista será larga, de modo que sostener el micrófono durante dos horas a quince centímetros por debajo de la boca de la persona entrevistada será extenuante. Lo que hacemos es pedir permiso para mover las sillas o sillones de modo que estemos muy cerca de la persona. Esto nos permite descansar el codo sobre la rodilla o el reposabrazos del asiento y, aún así, mantener esa distancia necesaria entre micrófono y boca con relativa comodidad.

El ADR de una charla para podcast: Anecdótica, Descriptiva y Reflexiva 

Ya estamos hablando, por fin. En primer lugar, necesitamos su presentación en primera persona: «Me llamo equis, soy de tal lugar o trabajo en tal y tal». Luego entramos al relato, el antes, durante y después de lo que queremos contar. Lo que buscamos en cada fase de ese relato son tres elementos: lo anecdótico, lo descriptivo y lo reflexivo. 

Lo anecdótico es la sucesión de eventos: primero pasó esto, luego aquello, entonces me dijo tal y tal y yo le respondí así y asá. Es lo verbal y es lo más importante de todo podcast narrativo. Los verbos nos generan imágenes mentales: me acerqué, tropecé y me caí, abrí la puerta. «Vemos» todas esas acciones mientras escuchamos. 

Lo descriptivo es el agregado sensorial a esas imágenes verbales. Si los verbos construyen el esqueleto de la imagen, la descripción a partir de otros sentidos le agregaría los tejidos: cómo era el lugar al que entraste, qué veías en ese momento, cómo se sentía al tacto ese objeto, a qué olía el lugar. En estas preguntas descriptivas, si estamos en el lugar de los hechos narrados, las personas entrevistadas podrían utilizar adverbios de lugar: ahí, allá, acá. Debemos repreguntar porque el oyente no tiene la referencia visual que tenemos nosotros al estar presentes en el lugar. Entonces insistimos: «¿Dónde? ¿Podrías describir?». Buscamos que no sólo diga «me escondí ahí», sino «me escondí ahí, bajo la mesa del comedor». 

Lo reflexivo es el colofón a estas imágenes de lo anecdótico y descriptivo. Como oyentes, luego de ubicarnos mentalmente en el espacio narrado, acompañando las acciones, lo reflexivo nos permite ponernos de cierto modo en el lugar ajeno, empatizar o tal vez incluso comprender a quien experimentó tales eventos. No lo buscamos sólo al final de la entrevista, como una conclusión a todo lo experimentado, sino en cada fase, acompañando lo interno de la persona al igual que acompañamos lo externo de los eventos. Por ejemplo: «cuando te escondiste bajo la mesa del comedor, ¿qué sentiste en ese momento? Cuando decidiste irte, ¿qué esperabas encontrar? Y luego… al llegar y ver que no era tan así, ¿qué pensaste? Y respecto a todo eso que pensabas en ese momento… ¿pensás distinto ahora después del paso del tiempo?¿En qué sentido?» Etcétera. 

En cada fase del relato, debemos indagar el aspecto interior. Esto es los pensamientos, ideas y emociones. Implica a veces interrumpir a la persona entrevistada en su relato anecdótico y retroceder: perdón, antes de seguir con tu llegada y qué pasó cuando llegaste, podemos retroceder al momento previo a la partida, ¿qué pasó por tu cabeza cuando tomaste la decisión?¿Cómo lo tomó tu familia cuando les dijiste… y cómo te hizo sentir eso? No pasamos de una fase anecdótica a otra sin recolectar sus partes reflexivas. 

Un ejemplo de pregunta reflexiva, aunque conclusiva de toda la historia y no de una sola fase anecdótica, es la que le hicimos a Agripina Portillo al final de su relato de cómo intentó asesinar al dictador Stroessner. Aquí reproducimos un intercambio de la conversación con ella. 

—¿Vos creés que si llegabas a realizar eso con éxito y se moría Stroessner, claro que vos también, no iba a subir otro igualito y que iba a ser todo igual?

—Cuando entonces no. Pero ahora, tomando experiencia… porque yo no conocía el mundo, creía que se iba a terminar… pero ahora, tomando experiencia, jamás ése va terminar. Yo me voy a morir sin ver la democracia. Yo voy a morir sin ver Paraguay hermoso como yo quiero ver. Y ése es mi dolor grande. 

Todo su relato anecdótico y descriptivo de lo ocurrido, en aquellos años narrados, toma otra dimensión cuando ella lo reflexiona desde la distancia de su experiencia posterior, que en este caso particular es también un poco la nuestra, porque de una manera u otra… #ANRNuncaMás. 

Por todo esto, no tengamos miedo de volver hacia atrás e insistir. No importa que nos cuenten las mismas cosas más de una vez. Nos importa el «cómo» lo cuentan, no simplemente el «qué» cuentan. Le explicamos a la persona que nuestro deber es hacer honor a su experiencia y que por eso hacemos este tipo de entrevistas tan largas y exhaustivas. 

Grabamos hasta el silencio 

Al finalizar, antes de levantarnos, le pedimos mantenernos en silencio durante 30 segundos. Esto se llama room tone o tono del cuarto, que es un silencio con el ruido ambiente mínimo del espacio grabado. Este registro de ese vacío específico nos permite luego, durante el montaje, usarlo como pausas o silencios narrativos, o como conexiones para mantener fluidez entre frases dichas en momentos distintos y que no suenen cortadas bruscamente. 

La edición implica muchas veces la re-escritura de lo dicho en la entrevista, incluso la reconstrucción de los eventos en un orden distinto al enunciado. Esto contempla la responsabilidad de no cambiar el sentido de lo que nos compartieron en la entrevista, pero la edición con fines de ritmo y estructura narrativa es parte del proceso de triple coautoría que, al fin y al cabo, es toda pieza de audio narrativo. Primero la persona entrevistada que comparte su relato; en segundo lugar la persona que manufactura la narrativa sonora al reestructurar y ampliar su relato; y, por último, el oyente que crea sus propias imágenes mentales al escuchar. Cada quien aporta lo suyo. 

Ah, no dejamos de grabar hasta salir a la calle y alejarnos. Más allá de que la salida y despedida también puedan servir o no como escena transicional, a veces sucede que al dejar de grabar, en el camino de salida, la persona ya relajada comparte un comentario relevante. Auch. No queremos que suceda eso. 

En conclusión, este no es el único tipo de grabación que hacemos para este formato, pero sí el más importante. Por esta razón quisimos compartir el enfoque que intentamos aplicar.

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