Cómo volver a respirar

Imaginemos que es el 2030. Paraguay no registra polución en el aire y los incendios forestales son escasos. ¿Cómo lo logramos?

Tras años de perseguir a quienes denunciaban delitos ambientales, manifestaciones de estudiantes y campesinos, la negativa de la Unión Europea a comerciar y el riesgo de una nueva sequía, el gobierno paraguayo se rindió ante la evidencia científica y la presión ciudadana: declaró por primera vez una emergencia ambiental nacional.

Comenzó una era de grandes cambios, un nuevo acuerdo social. Se aprobó la Ley de Deforestación Cero en el Chaco. Se ratificó el Acuerdo de Escazú y, admitiendo un fallo histórico, se creó un juzgado específico para investigar y recibir denuncias de deforestación, quemas y fumigaciones ilegales. Luego de casi una década de ser letra muerta en una ley, se formó la Red Nacional de Monitoreo y Prevención de Incendios, que obligó al Instituto Forestal Nacional, todas las municipalidades del país y a las universidades nacionales a controlar coordinadamente posibles focos de calor. 

Luego de años de depender de vertederos a cielo abierto, finalmente Cateura se reformó con recicladoras organizadas. Con mejor cobertura de recolección y estímulo al reciclaje, quemar basura tuvo menos sentido. Candidatos a intendentes y concejales convirtieron en tendencia declarar que no recibieron dinero de empresas o sectores juzgados por deforestación o contaminación de aguas.

Los Bancos también comenzaron a exigir no deforestar para proveer créditos productivos. Tuvo tanto éxito la medida, que el Ministerio del Ambiente exigió después que a esto se sume la no contaminación de ríos y lagunas por industrias que pedían créditos.

Luego de dos años de identificar focos de calor, quedó claro que en los sitios donde estaban pueblos indígenas o comunidades campesinas había menos probabilidad de incendios. El Ministerio de Agricultura adoptó como política la formación de asentamientos campesinos a través de apoyo a la producción de alimentos para el consumo interno. El plan se trasladó a áreas urbanas, donde tierras malhabidas u ociosas –como seccionales coloradas– se convirtieron en huertas barriales. Esas huertas sirvieron  para enseñar agricultura a estudiantes y voluntarios y al mismo tiempo dotar de alimentos frescos para el desayuno, el almuerzo y la merienda escolar. Niños y niñas beneficiados por el plan de alimentación escolar en barrios vulnerables gradualmente fueron mejorando los resultados académicos en las pruebas SNEPE.

Debido al demostrado impacto de la polución y enfermedades de base como la obesidad o la hipertensión en la pandemia de 2020, los gobiernos municipales de Gran Asunción decidieron establecer medidas para reducir el medio millón de autos particulares que amenazaban el aire en la ciudad, arborizar con especies nativas y estimular el uso de bicicletas y peatonales. Se diseñó e implementó  la primera bicisenda departamental del país. 

A través de la iniciativa «Amo el Metrobús», ciudadanos organizados lograron que el proyecto vuelva a ponerse en marcha. Gracias a la renegociación del Tratado de Itaipú, Paraguay ya utiliza desde 2023 de manera libre su energía. Aumentó así  la inversión en infraestructura en la ANDE por primera vez en 30 años.  El Metrobús es eléctrico, como en su proyecto original. Además, ya no tiene sentido que el combustible más contaminante sea el que pague menos impuestos.

Los empresarios del transporte público se quejaron y pidieron más subsidios. Pero ya nadie les hizo caso. Hoy, en su lugar, el transporte de colectivos se conecta con el metrobús y se maneja con nuevas líneas, municipales o sindicatos de choferes. Luego de años de gastar miles de millones en infraestructura para autos a costa de afectar espacios verdes, el MOPC finalmente asumió  que es más barato apoyar un sistema de transporte público gratuito, sin pasajes.

También escucharon a urbanistas: el problema del tráfico es un problema de vivienda. El plan de vivienda accesible volvió a ocupar todos los edificios del centro que estaban abandonados y por primera vez en una década, la población de Asunción creció. Los barrios adoptaron el modelo de autogestión de los Bañados, que se convirtieron en pioneros en reemplazar a los Linces por brigadas de intervención colectiva a situaciones de violencia y atención a salud mental. El resto de ciudades de Gran Asunción  propusieron planes de urbanización y espacios públicos –sin tantos autos por familia, es de mejor uso una plaza que una calle asfaltada– para mantenerse como una opción atractiva.

Así llegamos a 2030.

Salís a la calle.

Inhalás.

Exhalás.

No tosés.

Da gusto.