Soberanas

Mujeres en el poder

Aunque ocupan algunos cargos de decisión, su participación sigue siendo limitada en sectores de poder.

Reportaje Romina Cáceres Jazmín Acuña · Ilustración Lorena Barrios ·

Era junio de 2018 cuando mujeres y hombres se reunieron en un círculo a rezar en una plaza del centro de Asunción frente al Congreso Nacional. «No a la ley de paridad. No a la ideología de género», se leía en uno de los carteles del grupo autodenominado pro-vida. El propósito de su plegaria: el rechazo de una ley para que las mujeres tengan igualdad de oportunidades en el acceso a cargos electivos. En el pleno de la Cámara de Diputados, una congresista decía: «Las mujeres heroicas y abnegadas de Paraguay nunca necesitaron una ley de paridad. Hace quince años que estoy acá y nunca necesité paridad».

La diputada olvidaba algunas cosas, como que el lugar que ocupó en el Congreso fue el resultado de un proceso de luchas de las mujeres por el derecho a elegir y ser elegidas en política. Que si puede votar, es porque varias mujeres se movilizaron desde inicios del siglo XX para que en 1961 se apruebe la ley que consagró su derecho al sufragio. Que si una mujer puede competir en elecciones, es porque estas movilizaciones abrieron camino para que lleguen las dos primeras parlamentarias en 1963 al Congreso. Las mujeres no han conseguido sus derechos sin reclamar por ellos. Gracias a miles que se movilizaron en el pasado, otras hoy ocupan espacios clave en política, medios y empresas. Pero los datos dejan en claro que todavía queda un largo trecho por recorrer para alcanzar la igualdad.

El Congreso que nunca tuvo presidenta

La representación de las mujeres en el Congreso paraguayo no llega al 20% en el periodo 2018-2023. De 80 diputados, catorce son mujeres, mientras que en el Senado son sólo nueve de 45 senadores. En total, las mujeres ocupan hoy 23 de las 125 bancas en ambas cámaras. Aquí hay una diferencia respecto a las elecciones de abril de 2013, cuando fueron electas once diputadas y nueve senadoras, lo que sumaba veinte escaños.

Comparando ambos periodos legislativos, en el actual hay más mujeres (tres más). Sin embargo, dos de las bancas fueron obtenidas por coyuntura política. En las generales de 2018, las mujeres perdieron un lugar en la Cámara Alta, pero lo recuperaron cuando Mirta Gusinky (ANR) juró en vez del expresidente Nicanor Duarte Frutos, impedido constitucionalmente. La misma situación se dio en Diputados, donde Rocío Abed de Zacarías asumió la banca que dejó el diputado con permiso, Ulises Quintana, investigado por presuntos nexos con el narcotráfico.

La reelección de legisladoras tampoco es algo común. De las nueve mujeres en el Senado, solo la colorada Lilian Samaniego fue reelecta de forma consecutiva en cuatro periodos desde 2003. La liberal Zulma Gómez va por su tercera legislatura, mientras que las senadoras Desirée Masi (PDP), Esperanza Martínez (FG) y Blanca Ovelar (ANR) fueron reelegidas en los últimos dos periodos legislativos de la Cámara Alta.

Marcella Zub Centeno, experta en DDHH de las mujeres, dice que la reelección es como un techo de cristal para las mujeres. «Tenemos un bajísimo nivel de mujeres re-electas y son varios los factores. Desde violencia política hasta el desgaste que implica el ejercicio mismo de la política. Vos estás obligada a aguantar porque son las “reglas del juego”», explica.

En cuanto a la mesa directiva, desde la caída de la dictadura hasta hoy, ninguna mujer ocupó la presidencia del Congreso Nacional.

En cuanto a la mesa directiva, desde la caída de la dictadura hasta hoy, ninguna mujer ocupó la presidencia del Congreso Nacional, que corresponde a quien preside la Cámara Alta. Solo tres senadoras ocuparon la vicepresidencia de la mesa directiva desde 1989. La primera fue Elba Recalde (PLRA) en el periodo 1999-2000. Luego, Ana María Mendoza de Acha (PPQ) intercaló la vicepresidencia primera y segunda en cuatro periodos de 2006 a 2013. Por último, la senadora Samaniego fue designada vicepresidenta segunda en 2018-2019.

Aunque las mujeres son la mitad de la población, todavía están sub-representadas en el Poder Legislativo. El origen de esta desigualdad también radica en los partidos políticos.

En los partidos, ellas juegan en desventaja

Para lograr mayor representación, las redes de mujeres reivindican igual participación en la conformación de las listas de candidaturas. Una de las formas de impulsar esa participación política es la cuota de género, que desde 1996 el Código Electoral fija en un mínimo de 20% para listas internas. Esta modificación de la ley electoral también fue resultado de una larga lucha de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos políticos.

Hasta 2015, un total de 17 partidos habían incorporado cuotas que van del 20% al 50%. Siete establecieron candidaturas mitad y mitad en sus estatutos, mientras que la ANR y el PLRA fijaron una cuota del 33%, según el informe Partidos Políticos y Participación Política de las Mujeres en Paraguay. “Pese a que tienen cuotas más altas, no las están aplicando. El PLRA aplicó en la lista del Senado, pero la ANR no”, dice Zub Centeno.

El proyecto de Ley de paridad plantea elevar a 50% la cuota mínima establecida en el Código Electoral, como un mecanismo para corregir la desigualdad entre hombres y mujeres en la participación política. Con esto se busca hacer «real y efectiva» la igualdad consagrada en la propia Constitución Nacional. En 2018, el proyecto fue aprobado en el Senado, pero modificado en Diputados: la Cámara Baja eliminó la cuota y terminó aprobando una «ley de paridad, sin paridad». El Ejecutivo vetó la ley.

Cuando se habla de desigualdad, la especialista recuerda que las candidatas reciben menos recursos que sus pares varones ante campañas cada vez más caras. A esto se suman actitudes culturales como el machismo y estereotipos sexistas del tipo «los hombres son naturalmente aptos para la política» y no necesitan una escuela de formación política, «pero las mujeres sí».

“En los partidos se siguen perpetuando los roles reproductivos: las mujeres son las que cuidan la mesa de votación, las que trabajan en la campaña”. Marcella Zub Centeno, abogada.

«Las mujeres cumplimos con el activismo social y político, pero no estamos en los mismos lugares a la hora de integrar las listas. Por un lado, porque seguimos perpetuando los roles reproductivos en los partidos: somos las que cuidamos la mesa de votación, las que trabajamos en la campaña», reflexiona.

La misma tendencia se observa en la conducción de los dos partidos tradicionales: ANR y PLRA. Tras la caída del Partido Colorado en 2008, Lilian Samaniego se convirtió en la primera presidenta de la historia de la ANR en 132 años. En el mismo periodo, otra mujer presidió el PLRA por primera vez, la liberal Amanda Núñez. En 2019, solo uno de los partidos con representación parlamentaria está presidido por una mujer: Participación Ciudadana de la concertación Frente Guasu.

La lucha por la paridad no apunta solo a una participación numérica. «De alguna manera, la participación de las mujeres también busca transformar el espacio», concluye Zub Centeno. En otros espacios de poder, como el gobierno central, la participación de ellas todavía es mínima.

Políticas públicas y Justicia, en manos de una mayoría de hombres

En treinta años de transición democrática, la presencia de mujeres en ministerios clave sigue siendo escasa. Hasta ahora, la única ministra de Hacienda fue la economista Lea Giménez, quien asumió el cargo en 2017 durante el gobierno de Horacio Cartes (2013-2018). En Educación, algunas de las ministras fueron Blanca Ovelar (gobiernos de Luis A. González Macchi y Nicanor Duarte Frutos) y Marta Lafuente en la era Cartes. En Salud, una de las ministras fue la también senadora Esperanza Martínez (FG) durante el gobierno de Fernando Lugo (2008-2012).

Esta tendencia se mantiene en el gobierno de Mario Abdo Benítez, que está integrado en su mayoría por hombres. De los 18 ministerios, solo cinco están a cargo de mujeres. En el caso del Ministerio Público, la fiscala antisecuestros Sandra Quiñónez es la primera mujer designada fiscala general del Estado.

La única que ocupó la presidencia de la máxima instancia judicial dos veces desde la caída de la dictadura fue Alicia Pucheta de Correa (2006-2017).

La representación en la Corte Suprema de Justicia también está lejos de la paridad, si bien casi la mitad de quienes desempeñan la magistratura son mujeres. Solo hay dos ministras entre ocho integrantes de la Corte (uno de los cargos está vacante) y la única que ocupó la presidencia de la máxima instancia judicial dos veces desde la caída de la dictadura fue Alicia Pucheta de Correa (2006-2017).

Aunque los hombres siguen predominando en estos espacios, hay sectores donde las mujeres participan más en puestos de decisión. Es el caso de los medios de comunicación que son herramientas del poder político y económico.

La voz de las mujeres en los medios

Los puestos de poder de decisión en medios de comunicación importan porque desde estos espacios se genera opinión pública. Los mensajes que se transmiten pueden perpetuar estereotipos de género o ayudar a cambiar esto de forma gradual.

Poco a poco, las mujeres ocupan más espacios de decisión en los principales medios de tres grupos económicos. Por ejemplo, en Abc Color del Grupo Zuccolillo, ocho de 20 jefaturas están a cargo de mujeres. Esto incluye puestos clave como la secretaría de redacción y la sección de Economía. En Última Hora del Grupo Vierci las mujeres son mayoría en los cargos de decisión: de 17 jefaturas, diez son ocupadas por mujeres. Esto incluye la dirección, secretaría de redacción y la sección Política. En La Nación del Grupo Cartes, las jefas son la mitad: nueve de 18.

«Los dueños de medios confían más en los hombres para algunas jefaturas o áreas porque consideran que las mujeres son “problemáticas”: tenemos que encargarnos de nuestras casas, hijos, o del cuidado de nuestros padres». Noelia Díaz, secretaria gral. del SPP.

Pero si se observa al conjunto de medios, todavía hay mucho por hacer. Para Noelia Díaz, secretaria general del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), los prejuicios de género pesan en la promoción laboral: «Confían más en los hombres para algunas jefaturas o áreas porque consideran que las mujeres son “problemáticas”: tenemos que encargarnos de nuestras casas, hijos, o del cuidado de nuestros padres. Entonces no estamos de lleno en el trabajo como ellos».

A esto se suma el hecho de que hombres y mujeres no reciben el mismo pago por igual trabajo. «Cuando ellos cambian de medio, ya entran ganando más que las mujeres aunque tengan la misma experiencia», reflexiona. Por último, Díaz plantea la necesidad de una autocrítica respecto a los espacios de poder conquistados: «Uno de los problemas es que al llegar a espacios de decisión, algunas mujeres mandan como mandan los hombres. Porque eso aprendieron. Y no son para nada solidarias con otras mujeres».

Mientras las mujeres en las jefaturas de medios abren camino a las que vendrán, otras mujeres hacen lo mismo en espacios decisivos de la economía. Espacios donde el predominio de los hombres sigue siendo muy marcado.

En espacios de poder económico, las mujeres van atrás

Paraguay, Chile, Perú y México son los países con menor representación de mujeres en la Bolsa de Valores, según el análisis regional Mujeres en la Bolsa de Valores. En el caso paraguayo, de 73 empresas en la Bolsa, apenas siete están representadas por mujeres. Las mismas accedieron a estos cargos principalmente por afinidad o vínculo familiar, lo que de alguna manera refleja la constitución de la mayoría de las firmas locales, que son empresas familiares. La representación no llega ni al 10%, lo que ubica al país en el puesto doce de un total de quince países analizados en el estudio.

De 73 empresas en la Bolsa de Valores, apenas siete están representadas por mujeres.

Esto también se refleja en la conformación de uno de los principales gremios del sector privado, como la Unión Industrial Paraguaya (UIP). De diez integrantes de la Junta Ejecutiva, solo dos son mujeres y ocupan cargos de secretaria y tesorera. Y entre sus seis miembros titulares, no hay ninguna mujer. La fórmula se repite en la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (Feprinco) y la Asociación Rural del Paraguay (ARP). La excepción es la Cámara de Empresas Maquiladoras del Paraguay (Cemap), que tiene a una mujer como presidenta de su comisión directiva.

«Este es un aspecto que todavía se tiene que trabajar», dice Andrea Burt, directora ejecutiva de Sistema B, organización que trabaja con empresas de triple impacto (ambiental, social y económico). En contrapartida, la ejecutiva señala que en este sector, son cada vez más las mujeres que ocupan espacios de decisión en pymes y también en empresas grandes.

Gloria Ortega, gerente general de Bancard, coincide en que hubo un progreso en los últimos diez años. La ingeniera industrial sugiere reforzar la idea de equidad «no para que haya más mujeres, sino para que las condiciones de accesibilidad a los espacios no tengan que ver con el género».

Además de los gremios tradicionales del sector privado, las mujeres siguen fuera de otras importantes áreas de decisión e influencia como en la producción de conocimientos.

Mujeres ausentes en puestos de decisión de la universidad y la ciencia

Aunque la tarea de enseñar ha sido históricamente asignada a las mujeres, ellas están ausentes de los puestos de decisión en las universidades. La primavera estudiantil en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) sacudió algunas piezas, pero una estructura donde predomina el poder de los hombres se mantiene desde 1889: ninguna mujer ha sido rectora. El cargo de vicerrector también es ocupado por un hombre y de las catorce facultades, solo cuatro tienen decanas. Esto va de la mano con la conformación del Consejo Superior Universitario, donde hay apenas cinco mujeres de un total de 47 integrantes.

En la Universidad Católica hay 18 decanos y nueve decanas para las 27 facultades de todo el país. En la Universidad Autónoma de Asunción, las cuatro facultades están a cargo de hombres. En Uninorte la situación es más igualitaria: hay cuatro decanos y tres decanas para siete facultades.

Antonieta Rojas de Arias, primera presidenta de la Sociedad Científica del Paraguay, dice que en la ciencia la participación de las mujeres también es mínima en los espacios de decisión. «En el programa de investigadores de Conacyt hay 51% de hombres y 49% de mujeres. Se puede pensar que hay cierta situación igualitaria por eso, pero a medida que se suben los escalones, que las responsabilidades aumentan, la figura de la mujer desaparece», señala.

Como en otros campos, el componente cultural es una barrera para las mujeres. La bióloga y docente explica que estas limitaciones se imponen en la propia casa: «Las niñas juegan con muñecas y los nenes hacen robótica». Para ella, la educación es fundamental para comenzar a romper los estereotipos de género. «Los docentes pueden hacer la diferencia porque ellos pueden identificar talentos y estimular la carrera científica», dice. Una reflexión que es ciertamente válida para todas las áreas.

Actualización 13-06-19

La primera rectora de la UNA

El 16 de abril de 2019, la asamblea universitaria eligió como rectora de la Universidad Nacional de Asunción a Zully Vera, decana de la Facultad de Ciencias Químicas. Vera, doctora en Ciencias Farmacéuticas, se convirtió así en la primera mujer al frente de la UNA en sus 129 años de historia.