Futuros

Investigadoras denuncian graves errores en informe de impacto ambiental de Universidad Taiwán-Paraguay

En 2017, Cartes firmó un acuerdo para crear la universidad. El problema: construir la sede en el Parque Guasú Metropolitano, un sitio clave para mitigar la crisis climática en Asunción.

Reportaje Maximiliano Manzoni · Edición Jazmín Acuña ·

En diciembre de 2017 y bajo la atenta mirada de Horacio Cartes, el entonces ministro de Industria y Comercio, Gustavo Leite, firmó el acuerdo con Alexander Yui, el embajador de Taiwán en Paraguay. Así se comprometían a la obra que celebraría los 60 años de relación entre ambos países, la Universidad Politécnica Taiwán-Paraguay.

El acuerdo era el siguiente: Paraguay pagaría la construcción, Taiwán los profesores y el currículum. El problema: la idea de instalar la universidad en el Parque Guasú Metropolitano de Asunción, unas 125 hectáreas de espacio público verde propiedad del Ministerio de Defensa y cedidas por usufructo al Ministerio de Obras Públicas (MOPC) desde 2011.

El Parque Guasú es uno de los últimos sitios que conjugan la afluencia de 25 mil personas para utilizar el espacio de manera recreativa con la conservación de la biodiversidad en Asunción. Es uno de los pocos lugares donde se puede ver al toky so syry, un anfibio que solo se encuentra en Paraguay. Sobre el arroyo Itay que circunda al parque paran aves como el pitotoy solitario, que migra desde Alaska. Y es el último hogar en la ciudad del puma yaguarundi, un felino salvaje. Sara Escobar, estudiante de biología, dice que es un sitio único. “Cuida la salud de los humanos, del ambiente y de los animales de la ciudad”. 

Escobar también es parte del grupo de científicas, abogadas y activistas que analizaron el relatorio de impacto ambiental (RIMA) que la Universidad de Taiwán – Paraguay presentó en 2019 al Ministerio del Ambiente. Según el grupo, el relatorio tiene varias irregularidades. La Universidad dice que solo hay especies domésticas en el parque y cita apenas 38 especies de aves, cuando hay cerca de 240, y 3 de mamíferos, cuando en realidad hay al menos 20, sin contar reptiles y anfibios que no son domésticos.


El RIMA de la Universidad, elaborado por la empresa Consultora de Gestión Ambiental S.A., copia textualmente el del Parque Guasú presentado en 2016 por el MOPC – que contiene los mismos errores sobre la fauna existente – y, entre otras cosas, nombra a una lagartija que solo se encuentra en Estados Unidos y Canadá, la Phrynosoma Douglassi.

Fragmento del Relatorio de Impacto Ambiental de la Universidad Politécnica Taiwán – Paraguay en el Parque Guasú

“Para la elaboración del análisis tuvimos en cuenta plataformas como eBird, que documentan las especies de aves en cada sitio, y las corroboramos con avistamientos realizados en el Parque Guasú. Además de publicaciones del MADES”, dice Escobar. Para ella, la falta de exactitud del RIMA a la hora de considerar la fauna del sitio es indicador de que las medidas para mitigar el impacto de la obra son, como mínimo, inadecuadas. “Cómo podés considerar el impacto en algo que ni siquiera contabilizás”, sostiene.

Para construir la universidad hay que cambiar el plan regulatorio de Asunción

No es la primera vez que se intenta utilizar el predio del Parque para hacer una obra, explica Arturo Bregaglio, parte del grupo ciudadano Salvemos el Parque Guasú, que desde el 2012 se organizó para defender el espacio público. “Lo primero que quiso hacer el MOPC fue crear un sistema de lagunas para supuestamente lidiar con las subidas del arroyo Itay. Luego hubo una intención de poner la Terminal de Ómnibus. Después, el Hospital del Trauma”, dice Bregaglio. 

“Nosotros no estamos en contra de la universidad, bienvenida sea la inversión en educación, pero no a costa del parque, un espacio clave para mitigar la crisis climática. Hay otros sitios mejores para construirla”, sostiene.

La Universidad considera mínima la afectación por la construcción y el flujo de estudiantes. Su propuesta para mitigar el impacto ambiental es un plan de reforestación. Juan Cristaldo, del Colegio de Arquitectos del Paraguay, cuestionó la obra en la audiencia pública que la Municipalidad de Asunción en febrero de 2021. “Nosotros no estamos de acuerdo con la idea que se sostiene de que por el tamaño que tendrá la obra hoy no causará impacto. Si aspiramos a que la Universidad sea un vector de desarrollo, entonces tenemos que pensar no solo en su tamaño actual sino en cómo crecerá después, si tendrá postgrados, si traerá a profesores del extranjero”. Cristaldo sugirió en la audiencia pública que la Universidad se instale en el Centro Histórico de Asunción, que se beneficiará mucho más del flujo de personas y que ya cuenta con mejor acceso a servicios básicos.
La construcción de la Universidad en el Parque Guasú tiene un escollo más: el propio plan regulador de Asunción. Es la conclusión de un informe que recibió el Ministerio de Industria y Comercio en 2020, donde el consultor Carlos Saldivar Romero confirma que el Ministerio del Ambiente aprobó el relatorio de impacto ambiental pese a los errores documentados. Romero, además, advertía que la aprobación del anteproyecto ante la Municipalidad de Asunción “no puede ser cumplido” debido a que la zona se encuentra protegida por la Ordenanza 163/18 que regula la construcción en el sitio de influencia del Aeropuerto Silvio Pettirossi, cercano al parque. “Para la aprobación del anteproyecto se requiere que la Junta Municipal apruebe una nueva ordenanza”, concluyó el informe.

Informe a pedido del Ministerio de Industria y Comercio sobre la factibilidad de construir la Universidad Taiwán – Paraguay en el Parque Guasú.

Para Bregaglio de “Salvemos el Parque Guasú”, ese es el peligro: “Hay un tremendo lobby para modificar la ordenanza. Cartes reclamó en su discurso ante la UIP por qué no se hizo todavía la universidad. Hay muchos intereses allí”. Tanto para él como para el grupo impulsor del análisis sobre el impacto ambiental de la universidad, la solución definitiva sería convertir el Parque Guasú Metropolitano en área silvestre protegida. Esto es lo que propone un proyecto de ley que presentaron en 2018 los ex diputados Oscar Tuma y Rocío Casco, entre otros, pero que hasta ahora duerme en el Congreso.

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